
Aquella noche, recuerdo la sensación casi húmeda del pasto en contacto con mis pantorrillas y el viento helado cortándome la piel, revolviéndome el cabello, agitándolo contra mi cara; recuerdo estar mirando la luna llena a través de mis ojos lagrimiantes, el cielo estaba claro, iluminado como pocas veces había visto hasta entonces en mi vida, las estrellas parecían no dejar espacio alguno entre ellas, llenando el cielo y así la tierra, de luz... entonces, aquel punto de luz, del tamaño de las distantes estrellas, me acarició y susurró mi nombre, danzaba hipnóticamente de un lado a otro frente a mi y sin darme cuenta comencé a seguirla por entre los árboles internándome cada vez más, escuchando aquella melodiosa y dulce voz que me llamaba sin decir mi nombre hasta que la oscuridad era tan densa como el bosque mismo.
Entonces aquella luz se detuvo por un segundo antes de azotarse a si misma sobre el suelo apenas a unos metros de mi, una pequeña explosión de luminosidad me hizo cerrar los ojos un instante y al abrirlos, aquella luminosidad había tomado la forma de la más bella mujer que con ambos brazos extendidos me llamaba a su regazo sonriendo de la manera más dulce.
Todo entorno a mi desapareció y sólo estaba ella tranquila e invitante, llamándome con una mirada llena de ternura y aquella luminosidad plateada que se le desprendía de la piel; y yo allí en el más profundo de los silencios que había experimentado la miraba y sentía una emoción inexplicable, casi sensual.
Pude oír el crujir de una pequeña rama bajo mis pies cuando comencé a acercarme a ella, mi respiración se agitaba al tiempo que se hacia más profunda haciendo que mi pecho se hinchara y descendiera cada vez con más fuerza, estar frente a ella fue totalmente extaciante; Mis sentidos parecieron adormilarse y sin embargo estar más despiertos que nunca, sus labios parecieron moverse pero no lo hicieron, un pequeño cosquilleo me recorrió la espalda entera, entonces ella cerró sus brazos sobre mi y su tacto era helado, delicado pero firme. Me estrujó con delicadeza hasta que pude sentir con asombrosa claridad la firmeza de sus pechos, lo plano de su vientre y sus largas piernas intercalándose en las mías.
De pronto, ella frotó su mejilla tiernamente contra la mía, sólo podía pensar en su suavidad helada; sus manos en mi espalda se separaron acariciándome la espalda en direcciones opuestas, la que fue hacia arriba terminó por prenderse en mi cabello desde mi nuca, la que fue hacia abajo extendió sus dedos sobre el último hueso de mi columna vertebral, mi estremecimiento fue tal que de mis labios escapó un ligero gemir mezclado con aliento en forma de vapor. Entonces sentí el aliento cálido de ella acariciándome la comisura de los labios y dirigiéndose lentamente hacia mi oído donde no recuerdo sus palabras tanto así como la dulcísima y sensual música que me recorrió completa acariciándome cada rincón del cuerpo desde dentro... después de eso nada.